Querida mamá,
llevo mucho tiempo pensando que tenía que escribirte para decirte algo: te echo de menos. Te extraño, que dirían los argentinos.
Llevo más de seis largos meses acariciando estas palabras. Pensando en el efecto que harían escritas. Apostillando el "te extraño", para tener algo más que decir. Y hasta ahí llegaba en mi pensamiento. Una y otra vez. No se me ocurría nada más. Como si esas simples palabras: te echo de menos, resumieran todo lo que siento al pensar que te has ido.
Cada vez que he evocado ese "te echo de menos" me sentía completamente en paz y tranquila. Casi dudaba de que fueran verdad las palabras, porque no sentía nada especial al destaparlas. Sin embargo, al escribirlas hoy mis ojos se han anegado de lágrimas, como algunos días me pasa, así sin ton ni son.
Es cierto, te echo de menos. La emoción no necesita manifestarse a cada minuto para estar. Simplemente está ahí siempre, sin necesidad de hacer ningún tipo de aspavientos para informar que existe.
Está, como tú, que te has ido, pero sigues estando, sobre todo en mí, más que nunca.Hubiera pensado que no te echo de menos siempre, ni todos los días. Pero las ausencias con como las presencias, permanentes, sin necesidad de hacer alarde.
No puedo decir más hoy. Ni siquiera presentar estas entradas. Tampoco estoy segura de que quiera hablar de mí o de ti. ¡Hay tanto en común!
Buenas noches, mamá.